Ensayo Audiovisual Escénico

En México hay brujos que, para curarte, te parten en dos.

Estás sentado en una habitación oscura. El brujo se inclina y, muy cerca de tu oído, comienza a susurrar. Su asistente se acerca también, y susurra en tu otro oído. Los dos ríos de voces, que corren con ritmos y caudales diferentes, te rompen. Como si los alientos en ambos lados de tu cabeza fueran la inspiración, la fuerza aspiradora de dos abismos negros. Esa tensión te abre en canal, y así queda expuesto el mal que hay que expulsar.

El mal, que ha ocupado el vacío interior, se va gritando por la hendidura de tu cabeza. Queda el vacío original, la propensión pura, esperando ser ocupada por vectores menos terribles.

Hacer vacío.

Deleuze: “Tal vez la palabra, la comunicación, están podridas. Están penetradas completamente por el dinero, y no por accidente, sino por naturaleza. Es necesario un desvío de la palabra. Crear siempre ha sido una cosa distinta a comunicar. Lo importante será tal vez el crear vacuolas de no-comunicación, interruptores para escapar del control.”

Hacer vacío.

En este momento post-verdadero, en el que todos los vacíos ya han sido ocupados por las fuerzas del orden, se vuelve imposible ensayar en línea recta. Se vuelve imposible ensayar solamente escribiendo. Hay que arriesgar el cuerpo.

Hay que ensayar como los brujos, ensayar como curanderos. Romper cabezas para dejar expuestas a las fuerzas de ocupación con su arsenal de post-verdades. Que huyan, perseguidas por la violencia de su propia voz.

Ensayar para abrir un hueco en el sentido, para dejar al enfermo absolutamente desamparado y extenuado, para orillarlo a recuperar sus fuerzas, su capacidad de hacer sentido.

Serenar.

Para hacer sentido de nuevo, hay que romperlo todo: partir cabezas. Partir cuerpos, ciudades, ideas, palabras. Crear tensión entre rebanadas de mundo. Serenar.

Para hacer vacío hay que abandonar.

Des-entender.

Para hacer vacío.

Abandonar.

Dar lugar a otras voces.

Curar.









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Una larga espera, y ahora sabotear la máquina para despertar de este largo letargo acelerado, para abrir un hueco en el sentido, para frenar. Para cruzar el clima que viene de otra manera, con otras palabras.

Otras danzas, danzar nuevas palabras, otras. Des-decir lo dicho durante la espera larga, tediosa. Reunir hermanas rotas.

El clima que viene no trae finales, no se acaba el mundo, se acaba otra cosa. El final de una forma de pensar y hacer el mundo, puede ser. El ensamblaje va cediendo, crujiendo, cayendo, va cediendo el paso al tejido. Tejido teje tiempo, teje sabiendo. Sin idea. Sin hacer, sin dejar de hacer, nos moveremos.

¿Qué ideas, qué palabras hay que des-incorporar, des-encuerparnos, para dar lugar a este nuevo entretejimiento con seres misteriosos, anónimos, oscuros? ¿Cuántos tentáculos, cuántas tenazas, cuántas patas?

¿Qué hilos de la maraña podremos desenmarañar para tejer una manta que abrigue las complicidades que vienen? ¿O acaso habremos de aprender a cobijarnos con la maraña? ¿Enmarañarnos? ¿O hacernos cómplices de la maraña y prescindir de su cobijo en este calentamiento que viene?

El calentamiento que viene es la fricción harta de nuestra espera inquieta.

¿Qué cuidados brindaremos a piedras, arenas, alacranes, mosquitos, corales, hachas, atmósferas, botellas, ruedas, hierbas, huesos, urnas, edificios, ruinas, fangos, flores? ¿Cómo cuidarán estos y otros seres de nosotros?

Vamos por ciudades que van convirtiéndose en composta: los cuerpos descubriendo nuevas fertilidades, los lenguajes hablando nuevas alianzas con los no-humanos. La ciencia convirtiéndose en fármaco, los aparatos trepando por las ramas, los humanos encontrando las dosis, los migrantes húmedos cantando en voz de tierra. En el calor que nos llega, en el horno orgánico de humos y humus, en el mar que irrumpe.

¿Quién es 'yo' tras reconocer que 'yo' 'es-con'? ¿Con quiénes es? ¿Quiénes y qué somos? Quizás valdría más preguntarnos: ¿qué podemos tejer y destejer? ¿Cómo articular una armonía de extremidades?

Metodologías para olvidar el plástico, el número. Para arrullar máquinas, vamos cantando.

¿Qué células se tejen con cuáles máquinas, y qué logran sobre la tierra? ¿Qué palabras digieren qué partículas, y viceversa, y qué poemas nacen de esos banquetes? ¿Cómo traducir la respiración vegetal en cantos de pájaro, en estampidas, en copos de nieve?

Ni más ni mejor: menos, suficiente. Misterioso, pequeño.

Desarmar las máquinas que dicen: 'yo'. Componer máquinas parásitas, haremos una prótesis colectiva con cuerpos apalabrados en rotación: todos, nadie: unísono, disonancia. Soporte animal, computación vegetal, economía atmosférica. Vuelos de prueba del nuevo animal de poder. Nuevos dramas dinámicos, nuevos combates.

La extrema violencia del plástico, las ciudades como enciclopedias del descuido. Hacernos des-ciudadanos, des-hacernos de la ciudad interior. Volvernos colonia, enjambre, simbionte, liquen. Masa, húmeda. Masa, fermentar.

Mi padre hizo la revolución: habló el lenguaje de las bacterias. Querer vencerlas fue su derrota. Derrotado, soñó con recostarse otra vez, con sencillez, sobre el pasto, para recuperar su humanidad allí, en la humedad del humus.

En la humedad de la Tierra, insectos.





INFLUX Festival Barcelona 2016


foto: Camila Ausente









fotos: Alessia Bombaci