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llegué a san cristóbal de las casas un domingo lluvioso a finales del mes de julio. ¿qué era lo que me había llevado hasta allí? ¿para qué había ido? no sabía exactamente qué quería decirme aquella voz que me gritaba desde dentro.
pero en un instante lo supe: haría un libro allí.
escribirlo, corregirlo, armarlo e imprimirlo en los escasos tres días que pasaría en chiapas.
el mismo día de mi llegada comencé a buscar una imprenta. seguí muchas pistas falsas, caminé muchas calles mojadas de arriba a abajo, con frío. comencé a pensar que mi tarea sería imposible, o que tendría que conformarme con imprimir el libro en una papelería cualquiera, hasta que entré a una galería de arte en la que había, además de dibujos y joyería, algunos libros publicados por la propia dueña del local. deduje que habían sido impresos en san cristóbal, así que fuí directamente a la última página de uno de los libros y tomé nota de la dirección de la imprenta que aparecía allí:
editorial fray bartolomé de las casas, calle pedro moreno 7, barrio santa lucía.
me presenté a las 8 de la mañana del día siguiente, un lunes soleado. pedí hablar con el director, ya que se trataba de un trabajo urgente. tras esperar un poco, pasé a su oficina y le expliqué que necesitaba imprimir un libro en dos días. hablamos sobre calidad y tipo de papel, tamaño, portada y número de páginas. tuve que mentir, y le dije que el libro tenía 32.
el libro, por supuesto, aún no estaba escrito. ignoraba por completo cuál terminaría siendo su extensión.

don jorge me aseguró que el libro estaría listo el jueves por la mañana, pocos minutos antes de mi partida hacia tuxtla gutierrez para emprender el viaje de regreso. yo debía entregarle el texto en formato digital a primera hora el día siguiente. acordamos un precio que me pareció razonable y le dí la mitad del dinero como anticipo. salí inmediatamente hacia san juan chamula. el libro aún tenía que escribirse, y yo tenía menos de 24 horas para hacerlo.
llegué al pueblo en una combi, y me dirigí a la iglesia sin pensarlo dos veces. allí saqué mi libreta y me dejé llevar por mis visiones. humo, velas, cantos, santos, niños, brujos. el suelo cubierto de agujas de pino, el olor. mi rabia por el exceso de turistas, y por su poco respeto. yo escribía. los niños, curiosos, se acercaban a ver qué era lo que hacía, y sin ninguna reserva leían lo que yo iba escribiendo con vértigo. a uno le pedí que leyera en voz alta. su voz, sin embargo, era tenue.
allí pedí permiso para que el libro pudiera pasar. encendí una veladora.
ya fuera de la iglesia, seguí escribiendo. en el kiosko del atrio se me acercaron más niños, muy delgados, de ojos tristes. leían lo que yo garabateaba, curioseaban. regresé a san cristóbal, escribía desenfrenadamente. tachaba. a veces escribía directamente en mi teléfono celular. ya en san cristóbal, caminé hasta la casa na bolom. quería escribir, al menos una parte del libro, en la mesa del comedor a la que alguna vez se sentaron franz y trudy blom, la incansable pareja de exploradores de la selva lacandona.

escribiendo y bebiendo tascalate en el comedor de na bolom
a eso de las 7 de la tarde, el libro estaba escrito. tachado. había borrado, descartado, aumentado, corregido. encontré un cibercafé en el que había, además de conexión a internet, el software necesario para digitalizar mis poemas y guardarlos en un cd. allí también incorporé algunos versos generados algorítmicamente usando mi herramienta, "poesía asistida por computadora", y también decidí el título del libro: "unísono". lo terminé dos horas después,
y me fuí a buscar unas cervezas.

el cibercafé, en la calle real de guadalupe
martes. a las 7 de la mañana llegué a la imprenta. esperé a don jorge por más de una hora. cuando por fin llegó, revisamos el texto en su computadora. todo estaba en orden. tras volver a insistir en la urgencia de la entrega, y recibir su palabra de que el libro estaría listo el jueves a las 8:30 de la mañana, me fuí a desayunar. aquella y la siguiente serían jornadas de espera.
el miércoles, mientras regresaba a san cristóbal tras una visita a zinacantán, me pregunté qué haría con el libro cuando estuviera impreso. estaba seguro de que no quería venderlo; de que quería regalarlo a las personas que llevo dentro. pero sentí también la necesidad de dejar algunos ejemplares en chiapas. "los niños", pensé. tal vez movidos por su curiosidad recibirían el libro. tal vez lo leerían, y después harían con sus hojas avioncitos o barquitos de papel. tenía que dárselos. algo de ellos ya estaría escrito en aquellas páginas. sin embargo, sería imposible, ya que el jueves no me quedaría tiempo para ir hasta el pueblo y repartir el libro. ¿que hacer? llamé a don jorge para ver si, por pura casualidad, el proceso de impresión se había adelantado. "si, puedes pasar a recoger el libro ahora mismo", me respondió. corrí a la imprenta, y recibí el paquete con los 50 libros.
pagué lo que faltaba, comí cualquier cosa y tomé una combi a san juan chamula.
durante el trayecto, se juntaron en el cielo claro unas imponentes nubes negras que surgían de la nada. la tormenta no tardó en caer.
cayó. no se detuvo. durante horas estuve esperando bajo los portales del palacio municipal. todos los niños se habían guardado.
regresé a san cristóbal con el paquete de libros completo dentro de mi bolso.
fuí al templo de santo domingo, esperando encontrar allí a los hijos de los artesanos que venden sus cosas en el atrio. la lluvia había parado y los niños jugaban felizmente sobre el pasto. estaban allí, pero me pareció que interrumpir sus juegos para darles mi libro sería un acto de enorme vanidad. así que simplemente me senté a observarlos y después de un rato me fuí.
esa noche, cansado y bajo el efecto de varias cervezas, numeré los libros y corregí una errata que encontré en el último verso de uno de los poemas. también tiré a la basura diez ejemplares defectuosos.
al día siguiente volví a la ciudad de méxico.

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unísono
eugenio tisselli
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nada se acaba
solamente
yo
atravesado
por la húmeda / oscura / unísona
de la selva
en la selva
en sus pozas
está el lenguaje
no me despiertes si estalla
vine (conmigo) a repeler lo yo
a vivir en libro
a morir en libro
en veneno ondulante
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demasiado fácil llegar
demasiado fácil llegar
demasiado fácil llegar
hay que volver a destruir los caminos
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la visión no es el oído
de allí la miseria
de allí la rota el olvido
bajando en espiral
hacia la vaca muerta
trece círculos
trece sordos mirando hacia adentro
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fanáticos
pertenecen al objeto
varados en el énfasis
van (sin)
amor / ir
y no lo saben
los hunde en el centro
de las ondas
están ligados
no ven
van
ocurrirá antes del aterr(or)izaje
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(para pedir permiso en los puntos de
convergencia / divergencia)
que esta tierra acepte lo que ahora soy
y me deje pasar
que estos cerros acepten a los que cargo en mi corazón
y que el camino esté dispuesto
ábranlo
abran los color
resuene
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cuerdas tensas
pudiendo hacia lo otro
muros sostenidos por ello
sostenidos por materia lenta
escritos por sombra y sol
haces
des / haces
tejido sin hacer
¿cómo leer el camino?
persistir en lo insípido
permitir
no querer
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a través del cuándo
lo dicho provoca
ondulaciones en la víscera
los aros se expanden
en lo amplio del
tomar dictado / eviscerar
para leer escuchando
interior / exterior
hay resonancia en ambos
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ser escrito
caminado
por la imposibilidad
de dejar de querer
de apartar el amor (el ruido en el ruido)
como intentando alejar el sonido
con las manos
ojos cerrados
volver ciego cansado
a lo desintegrado por la voz
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venir a construir
desde dentro
una prisión con lo escrito
sin lo
visitar lo que se arruina en las selvas
sólo con el pensamiento
decir “ausencia”
que se arruine por siempre en este libro
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cuando el baile puede
concluirse
antes de la primera nota
¿qué clase de máscara cubre el rostro?
¿hay nubes después de la lluvia?
“no hay escritura sin mentira y la escritura es el camino de dios”
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la fatiga del mundo preexiste
en la entraña de cada noche
no hay el tiempo
sino un halo de duración
las cosas son el eco de las cosas
a lo lejos
la caída que provoca otras caídas
efecto
la noche son los caídos
acurrucados junto a ellos mismos
bajo las ramas
en veneno
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descender / ascender
flotando
entre lo muy otro
las planicies de ruido blanco
con su luz derruida
lo muy uno
uno sombra
uno mancha
brillando extraviado
lejos de
¿será cierto que no has nacido aquí?
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mantener el lenguaje abierto (todavía)
permitir lo que se agitará mañana
en los atrios
mantener la atención en flor
para ser escrito
por lo que vendrá
la palabra tiene trece puntos de quiebre
trece fisuras de muerte
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el templo es barco invertido
donde los náufragos cantan
nave del cielo
nave bajo el cielo
horizonte de pequeños fuegos
vienen amor / ir
y lo saben
en ritmo
en tierra abierta
(el mundo interior es ciego)
el mundo es lo que se hace en él
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madre
vuelve
madre
llévame
red de fuego
urdimbre de ruido suave
azúcar en los ríos
mar de
pino
humo
barco
de los que van a
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atrio
niño vende paletas (un persona)
dibuja catedral
sobre su hoja
sobre su madera
sobre sus horas de sol
los teléfonos lloran
no lloran
sin red
rompe / arruga
el dibujo
se va serio
con mirada
errar en los nodos
no hay cobertura
no hay descanso
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no tener que irse
no tener vuelta
no imagen
¿a dónde se irá todo esto?
hacia los fuegos lo llevamos
hacia nuestros fuegos guardados
otro niño lee esto escrito
(difícil / hablar tenue)
con su pequeño fuego en la voz
se va también
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canto de los que se sueltan a la muerte
niños sin fuerza para el camino
son mar gris
cielo gris
sin sonido
belleza desmagnetizada
señalando postrados
el cielo con sus ojos
que nunca
des / engendrarlos
con lo que escribo aquí
asesino
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están todos enfermos
están todos enfermos
están todos enfermos
sus animales resbalaron
cayeron
están amarrados
su sonido se rompe
como la palabra vieja
como la charla decrépita
como el chirriante
como el yo pequeño que habla sabiendo
su sombra cae más larga que ellos
su distracción es la mancha de dios
somos energía rota
lo nosotros se cuela
por nuestras fisuras
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pequeño fuego para la guadalupe
pequeño lazo
para que nuestra madre regrese
al camino
pasa eugenio
pasa guadalupe
pasa alberto
pasa alejandro
pasen los transpar(i)entes
que yo pase
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la cruz que delimita es lenguaje verde
la columna echa brotes
la chispa del golpe en el libro
rayo del rayo en la escritura
se irradia el brillo en letras
gruñen
apoteosis de lo construido
sólido / no sólido
la cruz es voz de madera
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bajan en espiral
hacia su podrido
trece ciegos
no respetan
hablar es trazar fronteras
hacer el no-allí
nosotros cámara
ellos espejo
tierra adentro / campana de difuntos
cuerda al vientre
umbilivocal
atados
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llevan horas esperando
a que hablen bajo el sol
luego llegan los color
traen palabra
automática
amplificada
el tejido así se teje
y dice:
voz de flores
el grito de punta
la salva de cumbre
lo entrega de vértice
apáguelo de altura
escuchar / aceptar
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ya cerca del amanecer
el camino se abre en par
quedarse
sin voz
en forma de pequeño fuego
irse
incendiado para contarlo
¿cuál es la diferencia?
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he pasado
el camino permanece
he soltado
lo escrito se sostiene
así es como se hablan las sombras
así se amarra
la lucha no tiene final
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